Aunque sí que había un lugar donde se sentía invisible. Once de la noche, abre la cama, se mete en ella y se tapa con el edredón notando la suavidad de la almohada mientras le fascina el tacto de las sabanas en la piel de su cara. Entre las sabanas se sentía segura des de que era una niña. En su infancia cuando le daba miedo dormir sola se escondía entre ellas y todo estaba solucionado, mientras crecía y se enfadaba con su madre se metía en la cama a llorar y ahora que es más adulta se esconde en ellas para decidir, para tomar "las" decisiones, para pensar. Ese es el momento del día en el que siente felicidad, porque es en ese momento cuando el cuerpo deja de existir y la única cosa que realmente está en movimiento es su mente. El mejor momento porque al cerrar los ojos vivirá una historia extraordinaria que la llevara a otro mundo, a un mundo donde se siente segura. El mundo de los sueños era una cosa fascinante para ella, podía soñar a la vez con personas que no tenían nada que ver entre sí, con personas que solo había visto una vez, soñaba con cosas que le encantaría que pasasen o cosas que detestaba...Y entre noche y noche, entre sueño y sueño, soñó con la única persona para la cual era totalmente invisible en su día a día. Soñó con él. Y era tan...y tan...pero a la vez tan...
Y es que cuando ves a una persona que físicamente reúne todas las condiciones propuestas por tu criterio no vas a poder verla más sin sentir el deseo de acariciarla, de besarla, de morder su labio, de despertar con las ganas de que aun siga ahí. Esa persona que aunque no vuelvas a verla en años sigue en tu pensamiento, escondiéndose y volviendo a salir en ciertas tardes de otoño acompañadas de melancolía. Aunque ella no solo lo había visto una vez sino que lo veía cada día entre los pasillos y en las reuniones.
Sábado por la tarde, con su vaso de leche, con su manta de punto y con la mirada perdida, seguía al lado de la ventana viendo como la lluvia se chocaba contra el cristal y es que en esas tardes de otoño era lo único que le apetecía y parecía mentira pero nunca había dejado que la lluvia tocase su rostro durante 19 años. Muchas veces se lo imaginaba, sin nada que cubriese ni su rostro ni su cabeza, dejando que todas las gotas cayesen en sus mejillas y acabasen en sus labios, notando de ese modo las gotas recorrer su piel.
"Olga esta noche en el bar Normendio.
Nos vemos allí directamente. Te quiero."
Realmente ganas de salir no tenía pero para África era importante, les quería confesar algo. Y allí estaría.
Eran las ocho menos cuarto y empezó a vestirse aunque sin ganas, se puso un vaquero estrecho, una camiseta de lunares y sus zapatos de tacón rojo pasión. Ya habían llegado todas, como era de esperar ella siempre llegaba tarde. Sentadas y con la segunda ronda, África empezó a hablar:
- Chicas, escuchadme un momento, por favor. Como todas sabéis ya llevo dos años con Igor y me ha pedido que me case con él – un silencio invadió la mesa.
- ¿Pero qué le has contestado?
- Pues que sí.- solo tenían 19 años y nunca se imaginaron que la primera en casarse seria África, la hippie, la liberal del grupo, era normal que estuviesen anonadadas.
M'encanta el relat espero que el segueixis, estic amb ancies per la continuació. He descobert una nova faceta teva ETS molt bona escrivint!
ResponderEliminarMERI